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Ser coherentes

Los chicos se vinculan mucho mejor con acciones concretas que con enunciados
abstractos. Y sobre todo en cuestiones ambientales, los hechos valen más que
mil palabras. De nada servirá alentar a nuestros hijos a que consuman menos
electricidad si nosotras vamos por la casa dejando una estela de luces
encendidas. Tampoco vamos a lograr que hagan un uso racional del agua si cada
vez que lavamos los platos la canilla queda abierta durante veinte minutos seguidos.
Por eso, para construir conciencia ambiental, debemos considerar, como premisa
básica, el gran impacto del ejemplo.

Disfrutar la naturaleza urbana


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¿Cómo vamos a pretender conservar la selva misionera o los bosques patagónicos si ni
siquiera nos enteramos de qué especies vegetales conviven con nosotros en la
ciudad? Para que los más chicos se vinculen con la naturaleza urbana y, así,
animarlos a cuidarla, podemos organizar excursiones por las calles y por las
plazas del barrio con el objetivo de hacer un reconocimiento de los árboles y
de las plantas que nos rodean. La idea es que los espacios verdes sean
percibidos como presencias vivas y reales y no sólo como escenografías
descartables.

Conocer nuestra ecohuella

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Por más que vivamos en el 15° piso de un edificio súper moderno,
nuestros hijos deben saber que son parte activa de la naturaleza. Es decir, que
todas las acciones que realizan en la vida cotidiana tienen un necesario
impacto dentro del ecosistema. Que, por ejemplo, la tele encendida todo el
tiempo es un gasto superfluo de energía que termina impactando en el caudal de
los ríos, que la madera de la cama en que duermen proviene directamente de un
árbol o que las galletitas son elaboradas con materias primas naturales. Hay
que poner en evidencia el lugar que ocupamos dentro del planeta. 

Plantar especies de acá

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Los experimentos con plantas y germinaciones ayudan a aprender a valorar la
importancia del medio ambiente.

Por supuesto que cuidar de una plantita propia en casa genera un vínculo de
afecto directo con la naturaleza. Ahora, animemos a los más chicos a plantar
una especie nativa y no una exótica. Porque las plantas no sólo cumplen una
función estética, sino también ambiental. Vamos a explicarles que las nativas
crecen mejor y más rápido con menos cantidad de agua, que evitan la extinción
de los insectos que son clave en el proceso de polinización y que atraen la
presencia de pájaros y de mariposas. ¿Nativas para buscar en el vivero amigo?
Salvia azul, vara dorada, Santa Lucía o lirio azul, entre otras.

Decirle “NO” al derroche

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Debemos insistir sobre la cuestión del derroche ecológico en casa y redimensionarlo
como un gasto energético que impacta en la economía familiar. No sólo es
cuestión de apagar las luces que no necesitamos o de cerrar la canilla cuando
nos lavamos los dientes, sino que también se trata de desterrar el concepto de
“uso y tiro” a través de prácticas concretas. Los chicos ensucian la
ropa, por supuesto, pero pueden darse cuenta de que no es necesario cambiarse
tres veces por día. También podemos enseñarles a que reflexionen si realmente
vale la pena gastar papel y tinta en impresiones. Lo mismo para los juguetes:
es mejor regalarles pocos, sin pilas y de calidad, para que aprendan a
cuidarlos y no crean que todo es efímero y obsoleto.

basura

Si bien en la Argentina recién estamos empezando a clasificar la basura entre
orgánica e inorgánica, resulta importante que los chicos incorporen los
criterios básicos de separación. A través de un experimento sencillo, puede
quedar en evidencia qué cosas hay que tratar de reciclar o reutilizar. Llenamos
con tierra dos potes vacíos de yogur. En uno ponemos algo de plástico y en
otro, una cáscara de naranja, por ejemplo. Mantenemos la tierra húmeda durante
dos semanas y después explicamos por qué el plástico sigue igual y por qué la
cáscara se está desintegrando. Una actividad interesante: con sachets de leche
cortados en tiritas y tejidos entre, sí los chicos pueden ayudar a que alguien
duerma más abrigado. Esta trama funciona como un aislante térmico para personas
sin techo que suelen dormir en la calle.

Preferir las mascotas domésticas

niñoyperro

El cuidado del medio ambiente también implica el respeto por los animales. A tus
hijos les puede parecer muy simpático tener una iguana, un mono, una tortuga o
un hurón en casa, pero resulta que estas especies no son domésticas, sino
silvestres. Cualquiera de estos animales sufre en un hábitat que no es el
natural porque el clima no ayuda o porque la alimentación no es la adecuada,
sin contar con las enfermedades que nos pueden transmitir o con las heridas que
nos pueden causar. Además, al tenerlos en casa estamos alterando el ciclo
natural de los ecosistemas. Por eso, si quieres que tus niños se vinculen con
animales, elegí los clásicos: un gato o un perro, y sólo si tienes lugar para
que estén cómodos.

Estimular la investigación

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Hoy en día, existen miles de concursos, campañas y actividades comunitarias que
ayudan a construir conciencia ecológica en la formación de nuestros pequeños y
que tienen el valor agregado del reconocimiento público. Además, son
iniciativas que no sólo animan a profundizar y a comprometerse de manera lúdica
en las distintas cuestiones ambientales, sino que también promueven la
creatividad y la sensibilidad artística. Este año fue declarado como el Año
Internacional de la Energía Sustentable para Todos: podemos sacar partido y averiguar
las distintas propuestas para los chicos.

No asustarlos con el cambio climático

cambioclima

Para nuestros hijos, los mensajes acerca de las consecuencias del calentamiento
global y de los recursos escasos pueden resultar aterradores. Que el mundo va a
desaparecer si no hacemos algo pronto, que nos vamos a quedar sin alimentos o
que se va a extinguir la especie humana son frases que necesitan de un diálogo
de contención de los padres para que los chicos no se angustien ni se
paralicen: nada de todo eso va a suceder si cada uno hace un aporte
significativo a través de sus acciones en la vida cotidiana

Fomentar en el niño el respeto por plantas y animales

  rana

Los niños no pueden resistirse a realizar acciones como desojar una flor, jugar con la tierra, observar los pájaros, etc. Parece que la naturaleza reclame su atención, de hecho así es, en la naturaleza es donde más ocasiones de juego encuentran.

Los padres deben aprovechar ese reclamo natural para fomentar que los niños respeten y amen lo que les rodea, estas son sensaciones positivas que benefician al niño y que le ayudarán a tener una base responsable el día de mañana. La conciencia ecológica se adquiere con los años, pero su base está precisamente en el respeto hacia el entorno.

http://www.taringa.net/posts/ecologia/15306607/Como-generar-conciencia-ecologica-en-los-mas-chicos.html